Su primera clase de ballet: consejos para que sea la mejor experiencia

Por: Tatiana Rodríguez | Dance Dab

Ir por primera vez a tomar una clase de baile puede ser una experiencia desde súper emocionante y divertida hasta estresante para una niña o niño, sobretodo en las edades más tempranas, ya que no todos van a responder de igual forma por muchos factores. Esto dependerá de su edad, madurez, experiencias previas y hasta su personalidad.

Sin embargo, la experiencia que vayan a tener depende grandemente del esfuerzo de preparación previa que hayan hecho los padres o encargados para explicarles a qué se va a enfrentar y qué pueden esperar de esta visita. Por mi experiencia, les puedo dar algunas recomendaciones que pueden ayudar a estar mejor preparados a la hora de asistir con sus hij@s a una clase de prueba y lograr que ese estudiante tenga una experiencia enriquecedora:

1. Háblales un poco antes de llegar: En una clase de ballet, por ejemplo, hay una estructura y una disciplina que deben observar los participantes para su mejor aprovechamiento. Aunque las mismas se refuerzan de distintas maneras a lo largo de la sesión, es de gran ayuda hablarles antes de llegar acerca de cosas sencillas como previamente la importancia de estar muy atentos a las instrucciones de el/la maestra, que no se puede correr por el salón (ya que se pueden dar un golpe) y que va a ser una oportunidad divertida de conocer nuevos amiguitos, por ejemplo.

2. Vestir ropa cómoda/ traer pelo recogido: Traerlos con vestimenta cómoda les permitirá participar de las actividades de la clase con mayor facilidad y libertad de movimiento, facilitando así una mayor integración de ese estudiante con el resto del grupo. Además de que el fin de la clase es que se puedan mover, brincar y saltar sin límites.

Llevar a l@s niñ@s con ropa cómoda les permitirá hacer los estiramientos y ejercicios de la clase con mayor libertad.

Llevar a l@s niñ@s con ropa cómoda les permitirá hacer los estiramientos y ejercicios de la clase con mayor libertad.

3. Ser pacientes: Recuerda que cada niñ@ es un mundo. No todos vana a tener la misma madurez, ni van a reaccionar igual ante la experiencia de ir a un lugar desconocido, con gente nueva por primera vez. Es importante darles el tiempo suficiente de exponerse, familiarizarse y adaptarse a esa nueva disciplina hasta que se convierta en parte de su rutina. Algunos niñ@s entran a la clase desde el primer día como si nada; gozan y disfrutan de principio a fin y se sienten como pez en el agua. Otros, en cambio, se resisten a entrar y participar, y algunos hasta lloran.

Si les damos el tiempo que cada uno necesita, les estamos regalando la oportunidad de descubrir un mundo de posibilidades de desarrollo, aprendizaje y diversión.

Los niños y niñas en esas edades no tienen el criterio ni la madurez para decidir de antemano si algo que no han experimentado les gusta o no. En el peor de los casos, si se negaran a hacer la clase o hasta se pusieran a llorar, no debemos llegar a la conclusión de que no le gusta algo sin que se haya dado la oportunidad de conocerlo. Siempre es conveniente que por lo menos se queden a observar la clase. En la mayoría de estos casos sucede que, al poco tiempo, se van sintiendo más cómodos, y terminan uniéndose y ¡disfrutando de lo lindo.!

Aunque nunca se les debe obligar, nosotros los adultos tenemos el deber de exponer a nuestros niños y niñas a diferentes experiencias que les den la oportunidad de descubrir y desarrollar ese talento especial que todos llevamos dentro.

Ballet para adultos: ¡Nunca es tarde si la dicha es buena!

Por: Tatiana Rodríguez/ Dance Lab

Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refrán. 

Cualquier edad es buena para soñar, proponerse una nueva meta y comenzar un nuevo proyecto. No hay proyecto más importante para ti que tú mism@. Para ser exitosos en la vida tenemos que continuar desarrollándonos y evolucionando hacia lo mejor de nosotros continuamente. Antes de proponernos todas grandes metas, es importante observar cómo estamos mental y físicamente. 

En este objetivo, incluir un plan de ejercicios como parte de nuestra rutina de vida nos puede ayudar a mantener el balance en nuestras vidas. Una manera divertida de comenzar a hacer ejercicios es la clase de ballet para adultos. De manera amena podrás desarrollar fortaleza, aumentar tu flexibilidad y mejorar tu postura, entre tantas otras cosas. 

A continuación te damos 9 razones para comenzar a bailar:

1. Aumenta tu fuerza muscular

La práctica regular de la disciplina del ballet te puede ayudar a fortalecer tus músculos de la espalda, piernas, glúteos, pantorrillas y pies. Desarrolla músculos fuertes pero alargados y añade fluidez a tus movimientos.

2. Desarrolla resistencia

Verás como podrás ejercer actividades cotidianas con mayor facilidad. Tu estámina mejorará, haciendo que se te facilite, por ejemplo, el subir y bajar escaleras.

3. Ayuda en la coordinación y el desarrollo cognitivo

Las combinaciones que se realizan en la clase te ayudarán a desarrollar mayor coordinación y agilidad mental. Nunca se trabaja una sola cosa en un ejercicio. Al trabajo de piernas, por ejemplo, siempre le acompaña un ‘port de bras’ o movimiento de brazo específico, y a su vez un movimiento de cabeza determinado. Se trabaja mucho con la memoria. ¡Es todo un juego físico y mental! 

4. Mejora tu flexibilidad 

El estiramiento es parte importante de la clase. Además que la naturaleza de los pasos que se ejecutan en clase lleva a un aumento en la movilidad de las distintas coyunturas y a un alargamiento en los músculos. Gradualmente verás como mejora tu flexibilidad en general.

5. Corrige tu postura

Si algo caracteriza el ballet es la importancia de la postura. La postura, nos da un sentido de elegancia y seguridad. desarrollarla nos permitirá fortalecer nuestros músculos abdominales, lo que a la larga nos podría aliviar dolores de espalda.

6. Incrementa tus niveles de energía

El ballet, al igual que otras rutinas de ejercicio, nos ayuda a liberar endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad. ¡Nada más con el testigo!

7. Ayuda a mantener un peso saludable y sentirte bien con tu cuerpo

El ballet provee una rutina de ejercicios que trabaja todo el cuerpo en una sola sesión. Esto ayuda a quemar grasa y mantener un peso adecuado. 

8. Desarrolla mayor seguridad en ti mism@

El ballet está lleno de pequeños retos. Con cada pequeño logro te sentirás mejor y con mayor seguridad en ti misma. Esa seguridad se proyecta en todos lo ámbitos de tu vida.

9. Tendrás mayor claridad mental/ sentido de clama y tranquilidad

Sacar tiempo para ti, en un mundo lleno de tanto ajoro, te ayudará a aclarar tu mente y tener un sentido general de bienestar. La clase de ballet para adultos es el antídoto perfecto contra el estrés nuestro de cada día.

Baja las revoluciones y dedícate tiempo. Invierte en ti para luego poder a los demás.

Para información acerca de las clases de ballet para adultos comunícate con Dance Lab .



De manera amena podrás desarrollar fortaleza, aumentar tu flexibilidad y mejorar tu postura, entre tantas otras cosas.

De manera amena podrás desarrollar fortaleza, aumentar tu flexibilidad y mejorar tu postura, entre tantas otras cosas.

¿Por qué Movimiento Creativo?

Por: Tatiana Rodríguez | Directora & maestra @ Dance Lab

¿Por qué incluir el Movimiento Creativo como parte de la formación de nuestros niñ@s? Las razones son muchas, algunas obvias (aleja un estilo de vida sedentario y la obesidad), y van más allá de determinar cuan buenos bailarines puedan ser en el futuro.

La clase de ballet en edades tempranas va enfocada al proceso, más que a los resultados. El Movimiento Creativo puede servir como una buena base para luego adentrarse formalmente a un entrenamiento en disciplinas como el ballet, jazz, flamenco, entre otras.

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Deborah Damast, profesora y consultora artística del programa de danza de NYU NYU Steinhardt, menciona algunas de las razones por las que es importante el movimiento creativo:

  • Enfoca la mente

  • Crea sentido de comunidad

  • Asiste en el desarrollo motor y cognitivo de los niñ@s

  • Prepara los músculos y tendones para actividad y entrenamiento futuro

  • Desarrolla capacidad aeróbica y control de impulsos

  • Introduce temas de movimiento y conciencia corporal

  • Desarrollo de vocabulario y alfabetización, al igual que destrezas de solución de problemas (problem-solviing skills)

  • Aumenta el desarrollo de destrezas interpersonales

  • Provee un canal de expresión

  • Inculca reglas y etiqueta de la clase de danza

  • Ayuda a desarrollar fortaleza y flexibilidad

¡Es una experiencia de aprendizaje divertido y enriquecedor! Pero lo bueno no hay que justificarlo tanto. A bailar, y punto.

Pregunta por nuestras clases de Movimiento Creativo (Baby Ballet) en Dance Lab.

6 cosas que tienen en común los buenos maestros

Por: Tatiana Rodríguez

¿Qué define a un buen maestro? ¿Qué determina una buena enseñanza? ¿Una educación en danza de calidad? Estas preguntas abren sin duda un debate que puede ser sin fin pero no por eso menos importante.

Una notita breve que apareció hace algunos días en la revista digital Dance Teacher, aborda este tema. En el escrito, el director artístico de la RAD Gerard Charles enumera una serie de habilidades o puntos importantes que deben caracterizar la buena enseñanza de la danza.

¿Será la formación teórica, la experiencia profesional como bailarín que pueda tener un maestro, una combinación de ambas, o alguna otra cosa, lo que defina a un buen maestro de danza?

Gerard menciona algunos puntos que tienen en común esos buenos maestros:

  1. Inspiran a otros a amar la disciplina y a desear alcanzar más

  2. Comunican ideas y conceptos efectivamente a otras personas

  3. Estimulan la mente de los alumnos. Desarrollan curiosidad e investigación en su pensamiento.

  4. Mantienen a los estudiantes seguros, mientras se les presentan retos que les llevan a ir más allá de sus límites percibidos

  5. Abordan variedad de realidades físicas, talentos y estilos (maneras) de aprendizaje dentro de un mismo grupo

  6. Tienen un enfoque creativo hacia la disciplina y responden al momento

Aunque la perspectiva de Gerard es la de una de las organizaciones más influyentes en la estandarización de la enseñanza del ballet clásico, sus postulados aplican a todas las disciplinas de la danza.

A mi me encanta todo lo que menciona y sobretodo el punto 1 y 3. El que desarrolla amor por lo que hace puede llegar hasta donde se proponga; todo lo hará con pasión y al máximo de sus capacidades: e sea, ¡excelente! Y la curiosidad es todo lo que necesitamos para estar siempre dispuestos a aprender y crecer.

Se dice que una de las llamadas aptitudes que definen la disposición de los individuos al éxito en el siglo XXI es la capacidad de mantener una disposición hacia el aprendizaje a lo largo de toda la vida o educación permanente (life-long learning). Vivimos en un mundo de cambios continuos y esto sin duda será la clave para que podamos ser exitosos y además poder ejercer nuestro rol en la sociedad.

Y ustedes, ¿qué piensan es determinante para una buena enseñanza de la danza?

Referencia:

https://www.dance-teacher.com/the-artistic-director-of-royal-academy-of-dance-asks-what-is-good-dance-teaching-2633142492.html

Aquí estoy, hace algunos años, junto a mi querido maestro Luis Iván Cordero (QEPD), quien me enseñó que bailar es sinónimo de amor, pasión y disciplina.

Aquí estoy, hace algunos años, junto a mi querido maestro Luis Iván Cordero (QEPD), quien me enseñó que bailar es sinónimo de amor, pasión y disciplina.

Inteligencia Emocional: pensar las emociones desde el cuerpo

Por: Tatiana Rodríguez

La emoción es movimiento, he leído en alguna parte. Esa frase, que en inglés es un juego de palabras (“emotion is motion”), me encanta y un poco es lo que me mueve a escribir esta nota.

Cuando hablamos de emoción, nos referimos a un sentimiento que ocurre en el cuerpo, en un cuerpo. Hay palabras (miedo, alegría, tristeza, enfado, etc.) que son el signo que sirve de referente a la cosa que es la emoción. Pero el fenómeno emoción, es algo que pasa, sucede, se alberga y se procesa a partir de una experiencia corporal. De ahí, ese lenguaje no verbal que connota la emoción y que le permite al “buen entendedor” percibir que algo sucede sin que medie palabra alguna. 

La Inteligencia Emocional (IE) es, de forma simple, esa capacidad que tenemos los seres humanos de identificar y manejar las emociones propias y las de los demás, permitiéndonos adaptarnos al ambiente que nos rodea, de forma que se faciliten las relaciones y el comportamiento interpersonal. 

Este concepto, popularizado por el psicólogo Daniel Goleman después de la publicación del libro “La Inteligencia Emocional” (1995), se considera un indicador determinante del éxito de una persona en su lugar de trabajo, incluso por encima de lo que pueda ser su preparación académica o vocacional. 

Si logramos detenernos y razonar acerca de los sentimientos y emociones que experimentamos (siendo conscientes de lo que pensamos, lo que nos estimula o provoca) podemos controlar la manera en que reaccionamos, comportamos y proyectamos ante una situación determinada. 

Al igual que hay una serie de factores que son determinantes de la IE (ver modelo de Salovey & Mayer en el gráfico abajo), hay destrezas que podemos desarrollar para alcanzar y mejorar nuestro nivel de aptitud emocional. 

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A pesar de (o gracias a) que no contamos con indicadores para medir la IE, basta con observar para darse cuenta que contar con cierto grado de dominio y control de nuestras emociones nos ayuda a tener mejores relaciones interpersonales y a que nos llevemos mejor con nosotros mismos y con los demás. 

La danza, como en tantas otras instancias de la vida, es un arte/disciplina que ayuda a mejorar y desarrollar  destrezas socio-emocionales, aun cuando no sea un fin en sí mismo. Recordemos que la danza es en sí misma un lenguaje de comunicación no verbal. En este artículo, por ejemplo, se menciona que esto ocurre a través de: la expresión creativa, la comunicación efectiva, la autorregulación (o autocontrol), la aceptación de los demás (tolerancia), y la autoconfianza (seguridad en sí mismo). 

Pienso, por ejemplo, en cuando encontramos en nuestro cuerpo ese movimiento simple que nos permite expresar el sentimiento que queremos transmitir al bailar. O cuando, a pesar de estar seguros de que estamos dando el máximo, podemos tomar la crítica de nuestro ensayador de manera constructiva (entendiendo que ¡siempre se puede más!) y no caer en frustración o sentimientos de fracaso. O cuando estamos bailando en pareja y podemos  expresarle de manera respetuosa  a nuestro partner que necesitamos que nos apoye  un poco más en determinado paso, reconociendo su esfuerzo y generosidad (sin tener que meterle un cocotazo al final del pas de deux… ¡lo he visto!). Seguramente pueden continuar la lista infinito. Adelante.

Detengámonos a pensar en cómo facilitamos el desarrollo de la IE en nuestros alumnos. Las destrezas socio-emocionales, al igual que todo aprendizaje, se pueden desarrollar con práctica y observación continua. Los bailarines, eternos estudiantes (estudiamos más que ningún otro profesional en el mundo), tengamos la seguridad de que la danza nos brinda las herramientas para lucir en cualquier escenario que nos ponga la vida… ¡Se brillante y baila!


Referencias:

https://www.psicoactiva.com/blog/la-inteligencia-emocional/

https://elpais.com/elpais/2018/10/24/ciencia/1540372846_255478.html)

https://www.extendednotes.com/after-school-articles/using-dance-to-boost-social-emotional-skills



La importancia del proceso

 

Existen diferencias de enfoques entre lo que es la práctica de la disciplina de la danza con propósitos de entrenamiento para alcanzar un nivel de dominio técnico y artístico eventualmente profesional; y lo que es la danza como disciplina educativa, de la que pueden beneficiarse todos los niños y niñas a lo largo de su desarrollo y aprendizaje.

En el primer caso, el énfasis de la práctica está puesto en obtener un determinado resultado, casi siempre dirigido al montaje de un espectáculo escénico o una presentación artística, en la que se debe apreciar un determinado dominio en la ejecución. Mientras, en el segundo caso, el fundamento radica en la importancia del proceso. 

Es desde este marco, viendo el ejercicio de la danza como proceso, en el que nos ubicamos cuando hablamos del movimiento creativo y el baile como disciplina y manifestación artística importante a la hora de plantearnos una educación integral y significativa para niños y niñas por igual.

Asumir la danza como proceso, es situarnos en una práctica que invita a la inclusión y la diversidad. De este modo, por ejemplo, nos alejamos de la idea de que la danza requiere determinado físico, que es de niñas, que hay una manera única y correcta de moverse y bailar, entre otras cosas, de manera que se facilitan y se hacen accesibles los beneficios de la danza a muchos más estudiantes. 

Lo más importante es invitar a los alumnos a adentrarse en un proceso de exploración y descubrimiento único para ellos. Este proceso se da a partir de ejercicios y actividades que contemplan las posibilidades que tiene cada cuerpo de moverse y expresar su propia individualidad y creatividad.

Más bien lo que se persigue es que los estudiantes se sientan estimulados mentalmente a participar con todo su cuerpo, su mente y sus sentidos en un proceso de búsqueda de soluciones y posibilidades que surgen de ellos mismos en diálogo con los temas y pautas que va señalando la maestra o guía.

La disciplina del movimiento creativo está orientada por un currículo cuyo objetivo es establecer los elementos y estrategias que incitan la exploración del movimiento que es natural en los niños y niñas, desde su nacimiento. Esto, en lugar de insistir en contenidos específicos que el alumno deba dominar o haber perfeccionado a nivel técnico. En todo caso, la técnica estaría en función y al servicio del proceso; como debería ser también en el entrenamiento formal dirigido a la profesionalización: la técnica puesta al servicio del arte…

Y el arte no es otra cosa que la expresión y la magia de comunicar los pensamientos, ideas y emociones que nos habitan y nos relacionan con el mundo. ¡A movernos, que en el proceso hay todo que ganar!

 

Por: Tatiana Rodríguez

Por: Tatiana Rodríguez

Divertirse para aprender

Sabemos que la manera más natural en que se dan los procesos de aprendizaje es cuando nos divertimos y estamos relajados. Es como si la mejor manera de aprender fuera cuando no nos disponemos a ello. 

El reto de los maestros está en encontrar métodos y estrategias que les permitan cautivar el interés de la diversidad de sus alumnos para mantener en el salón de clases un alto nivel de energía y motivación. Celia Rodríguez Ruiz, psicóloga y pedagoga, en un artículo publicado en la revista digital educayaprende.com brinda algunos consejos para lograrlo: mantener un tono enérgico, permitir y propiciar momentos de broma y risa, e incluir los intereses individuales de los niños y niñas dentro de las actividades que se realizan en clase. Asimismo apunta que el orden y la disciplina positiva que se procura en la sala de clase no tienen que ir reñidos con lo lúdico. 

Como consejo final se recomienda utilizar recursos que favorezcan la diversión como la música, el deporte y las actividades al aire libre, a lo que yo añadiría: la danza y el movimiento creativo.

La danza es un arte que, por definición, propicia el desarrollo holístico de los niños y niñas en un ambiente que se caracteriza, precisamente por ser uno divertido. La diversión en la clase de Dance lab se da por una combinación de elementos que hacen de esta experiencia una muy enriquecedora en muchos sentidos. En la clase se trabaja tanto individual como en grupo utilizando música variada, al igual que con distintos elementos y materiales como aros (hula hoops), cuerdas, pañuelos, rayuelas, instrumentos musicales, entre otros, que sirven para estimular la imaginación y la creatividad. 

Los juegos creativos que se emplean como parte de la metodología de la clase crean el ambiente perfecto para que se de un proceso de aprendizaje significativo, uno que va más allá de la disciplina del baile y que conecta con el estudiante y toda su capacidad cognitiva. Dance lab aprovecha ese contexto de diversión para apoyar el proceso de aprendizaje que se lleva a cabo desde el currículo académico escolar, estimulando las capacidades cognitiva de cada uno, y conectando con aquellos que tienen diversidad de inteligencias o alguna dificultad. 

A menudo, aquellos estudiantes que en el salón de clase suelen ser muy inquietos, indisciplinados o “hyper”, en la clase de baile son los líderes de fila, los que se paran al frente y no tienen miedo de sugerir ideas de como añadirle un giro a determinada combinación de pasos. Al fin y al cabo estos estudiantes, a veces llamados ‘difíciles’, suelen ser los más beneficiados por la disciplina de la danza y el movimiento creativo. A veces, lo que necesitan para desarrollar su potencial es precisamente eso: la oportunidad de moverse, expresarse y salir de la rutina. 

Es por eso que entendemos lo valioso que es poder brindarles, desde edades tempranas, la oportunidad a todos de que se expongan a disciplinas y escenarios diversos en los que puedan desarrollarse, expresarse y aprender. Dance lab, como parte del currículo y la rutina escolar, aporta ese granito de diversión que necesita toda niña y todo niño para aprender.

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La disciplina positiva y la danza

Por: Tatiana Rodríguez/ Dance Lab

Una de las razones por las que los padres optan por la danza como una actividad extracurricular en la formación y rutina de sus hijos es para que estos desarrollen mayor disciplina. Pero ¿qué es disciplina? y ¿cuál es su importancia y manera más efectiva de llevarla a cabo?

Disciplina es básicamente la aplicación de un conjunto de reglas de comportamiento, para mantener un orden general de todo lo que se asuma para conseguir los mejores resultados. En el ámbito del desarrollo del niño, la disciplina se refiere a los métodos de formación del carácter y de la enseñanza del auto-control y de lo que es un comportamiento aceptable. Mediante la disciplina se enseñan los valores y principios que preparan a los niños para el éxito en todos los ámbitos de la vida.

A menudo se le ha visto con matices negativos, más asociados al concepto de disciplina punitiva  basada en el castigo. Tratando de evitar los resultados negativos vinculados a este tipo de disciplina, algunos padres se van al extremos de la total laxitud y una permisividad exagerada. 

Para contrarrestar los métodos autoritarios o exageradamente permisivos, los expertos en psicología educativa recomiendan optar por un acercamiento más hacia lo que se ha denominado disciplina positiva.

La disciplina positiva lo que busca es establecer una relación de colaboración y respeto con el niño en la que es importante su autonomía y responsabilidad de sus acciones, el cariño y la libertad en su actuación, permitiendo así un desarrollo sano y feliz. De este modo no hablamos de niños buenos o malos, solo de buenos y malos comportamientos. 

En Dance Lab, la clase de movimiento creativo (baby ballet) se trabaja conscientemente desde la disciplina positiva. Mediante ejercicios estructurados, que le dan la oportunidad a los niños y niñas de tomar sus propias desiciones, compartir y aprender en un espacio de orden, respeto, y amor, se van desarrollando niños y jóvenes conscientes de sus acciones y del efecto de las mismas tanto en ellos como en los demás. Así van creciendo sanos, seguros de sí mismos, autónomos y felices. 

A diferencia de lo que algunos puedan pensar, en la danza la disciplina es un objetivo indirecto y un eje transversal que atraviesa y está presente en todos los ejercicios y dinámicas que se llevan a cabo como parte de la práctica y la clase. La disciplina es el contexto que permite el orden y la estructura de la clase. De este modo la danza se convierte en una actividad educativa, física y recreativa enriquecedora para todos los niños y niñas, abrazando la diversidad de inteligencias y la individualidad de cada uno.

Para información acerca de nuestras clases de movimiento creativo (baby ballet) comunícate con Dance Lab.

 

 

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Bailar para educar en Valores

 

Una buena educación nos acompaña durante toda la vida. Aún con el paso del tiempo y aunque creamos que hemos olvidado aspectos concretos en determinadas materias, lo importante permanece con nosotros. La curiosidad, la capacidad de ser críticos, de reflexionar, cuestionar y ser creativos, son elementos de la educación que nos ayudarán a ser exitosos en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en nuestra vida personal y en comunidad. Ante los cambios tecnológicos que caracterizan esta sociedad llamada “de la Información y el Conocimiento” lo importante es aprender a aprender y aprender a vivir con nosotros mismos y con los demás.

Para esto es importante una educación en valores. Pero, ¿qué son y cómo educamos en valores a nuestros niños y niñas? Un artículo publicado en guíainfantil.com nos menciona que “los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportamos y que están de acuerdo con aquello que consideramos correcto” para que así puedan convivir mejor y sentirse bien en el ambiente que se encuentren. 

 

La amistad, la comprensión, la tolerancia, el respeto a la diversidad, la paciencia, la solidaridad, el respeto, el amor por la naturaleza y la perseverancia, son algunos de los valores que permitirán que los niños y niñas aprendan a conocer los límites y convivir sanamente con los demás. Es importante saber que para enseñar valores, tanto los padres, educadores y cuidadores, deben dar el ejemplo con su comportamiento. 

 

Según menciona el artículo, la interacción en actividades de grupo, ya sea mediante el juego o la participación en deportes, ayuda a fomentar la adquisición de valores en los niños. A lo que nosotros añadimos que también la participación en programas de educación artística, sobretodo las que se practican en grupo como la danza, ayudan a fomentar una educación en valores.

 

Una formación en danza, promueve un proceso de enseñanza-aprendizaje holístico e integral. La disciplina del baile hace que los niños y niñas aprendan los elementos técnicos de la danza mientras desarrollan la creatividad, la capacidad de expresar sus emociones, y de auto regular su conducta. También practican la importancia del trabajo en equipo (la colaboración, solidaridad), la paciencia (cuando aprenden a esperar su turno), y la perseverancia (cuando aprenden a no rendirse ante los retos difíciles, a aprender de todas las experiencias y a esforzarse continuamente para alcanzar sueños y metas). 

 

Es por eso que decimos que la danza nos prepara para ser exitosos en cualquier aspecto que nos propongamos desarrollar a lo largo de nuestra vida. Los valores que cultivamos por medio del ejercicio del baile nos acompañarán en todo momento, haciéndonos ciudadanos de bien y profesionales éticos, creativos, y perseverantes ante los retos de los que está llena la vida. 

 

¡A movernos para una educación con valor!

 

 

 

 

Etapas de desarrollo y educación en danza

     La enseñanza de una disciplina como el baile en las primeras etapas de la niñez, supone un gran reto para los maestros y educadores de este arte. Por un lado queremos alcanzar unos objetivos relacionados a la danza, tanto a nivel técnico como estético y por otro lado hay que tener en cuenta cómo estos se ajustan y se definen de acuerdo a las capacidades de los niños y niñas dependiendo de la etapa desarrollo en la que se encuentren. 

     No tomar en cuenta esto último hará que sea muy difícil alcanzar los objetivos trazados e incluso podría redundar en frustraciones tanto para los maestros como para los estudiantes mismos. En última instancia, un programa no adecuado puede incluso llegar a ser perjudicial para la salud física del niño o niña. 

     En el ámbito de la Educación, hay teorías y estudios que nos ayudan a entender estas etapas de desarrollo físico y cognitivo. Una de las más conocidas y aceptadas es la del biólogo suizo Jean Piaget (1896-1980). Su teoría del desarrollo cognitivo describe cuatro etapas del desarrollo y nos ayuda a entender la naturaleza del cocimiento, cómo se adquiere, construye y utiliza. Aunque Piaget establece unas edades aproximadas para cada una de las etapas, el desarrollo de cada uno de esos períodos no necesariamente ocurrirá exactamente igual en cada individuo.  

     Un artículo muy interesante de Susan W. Stinson titulado “Piaget for Dance Educators: A Theoretical Study” (1985), la autora interpreta la teoría de Piaget a la luz de algunas de las situaciones con las que se encuentran los educadores en danza, para un poco hacer sentido, o ayudar a entender el comportamiento de los niños y niñas en el contexto de la disciplina del baile y la danza. Cada una de las etapas de desarrollo de Piaget representa una estructura diferente de conocimiento, una manera distinta de percibir y entender el mundo. 

     En la etapa sensorimotora (0-2 años), nos menciona Stinson, los niños y niñas manejan y aprenden acerca de la realidad a través de los sentidos y la actividad motora. Se observa como exploran movimiento, lo imitan, lo inventan y lo utilizan como medio para la solución de problemas. En los primeros cuatro meses ya se puede observar el placer sensorimotor, que es a su vez la fuerza que motiva danza en todas las edades. Surgen también en este momento movimientos parecidos o relacionados al baile y la representación simbólica, lo que da inicio a los principios del pensamiento. Por ejemplo, cuando el niño o niña utiliza el gesto de mover la mano para decir adiós y asocia el movimiento gestual con el acto de despedida. Es un momento en el que todavía existen limitaciones tanto sociales como de lenguaje. 

     En la siguiente etapa, la pre-operacional (2-7 años), aun no se observa el pensamiento lógico debido a cuatro factores que tienen implicaciones importantes para la enseñanza de la danza: el egocentrismo en el proceso de pensamiento; la centración (“centration”) o el enfocarse en un solo aspecto de la experiencia siendo incapaz de ver el panorama completo; incapacidad de usar transformación; y la incapacidad de revertir operaciones mentales. 

     Esto implica por ejemplo, en el caso de la centración, que los estudiantes en esta etapa puedan enfocarse en imitar una pose determinada de los pies, pero no puedan ver el panorama completo de como para llegar a esa posición es necesaria una determinada colocación de las caderas y otras partes del cuerpo. Esa incapacidad de ver la posición como una totalidad, puede llevar a la ejecución incorrecta de posturas y pasos aparentemente simples. Al final de esta etapa los estudiantes pueden coordinar distintos planos espaciales y temporales por medio del mecanismo de prueba y error (“trial and error”). 

     Las cuatro limitaciones que mencionamos en la etapa pre-operacional ya han desaparecido para cuando los niños alcanzan los 7-11 años de edad, la etapa de operaciones concretas. En este momento ya pueden ver su propio comportamiento desde afuera y entender el punto de vista de los demás. Se pasa del juego simbólico a los juegos con reglas y se facilita el trabajo cooperativo. Los estudiantes ya pueden ver más de un aspecto de una misma experiencia a la vez y percibir las partes con relación a un todo. Pueden coordinar mentalmente dos dimensiones, por ejemplo espacial y temporal, y solucionar rápido problemas como “viaja rápido hacia delante; luego cambia tanto la dirección como la velocidad”. Un tercer elemento, como lo sería el nivel o la cualidad de movimiento, no lo podrían manipular sin experimentación, sino hasta el final de la etapa operaciones concretas. 

     Piaget apunta que en este período ya los niños y niñas hacen uso de puntos de referencias externos, de manera que ya pueden demostrar perspectiva espacial. También en este momento el mundo de la magia y la fantasía ha perdido interés en comparación con “lo real”. Es por eso que se recomienda que las imágenes que use el maestro deben ser más concretas o relacionadas a la realidad más que a la fantasía. 

     Ya en la etapa de operaciones formales (11-15 años) los niños y niñas pueden solucionar problemas pensando en las posibilidades. Los estudiantes ya pueden crear composiciones de baile y preguntarse “que pasaría si…”. De manera que se puede percibir mayor complejidad en el trabajo creativo y el dominio de hasta cuatro dimensiones distintas al mismo tiempo. En cuanto a la imitación de movimiento, los estudiantes ya son capaces en este momento de percibir multiplicidad de aspectos al mismo tiempo. 

“Pensar con el cuerpo”

     Una crítica que se le hace a la teoría de Piaget con relación a la danza tiene que ver con los aspectos sensor-motores del aprendizaje. Piaget reconoce que en las primeras etapas los niños y niñas aprenden por medio de su cuerpo para aprender cognitivamente. Sin embargo, plantea que en la medida en que puedan utilizar los símbolos, se torna menos necesario utilizar el cuerpo para aprender. En otras palabras, que mientras más nos sea posible pensar en términos abstractos, serán menos importantes las experiencias concretas para llevar a cabo el pensamiento lógico. 

     Otros estudiosos plantean como los símbolos siempre guardan una relación estrecha con el mundo físico y con acciones concretas. Y el mismo Einstein habló de cómo su pensamiento científico no surgía a partir de imágenes verbales, sino ópticas y de movimiento cenestésico, que luego tenía que traducir en palabras. Es lo que se denomina “pensamiento sentido” (“felt thought”) y lo que para los bailarines sería pensar con el cuerpo. Este modo de pensar no solo lógico sino también intuitivo. Polanyi (1958, citado por Stinson) establece que aun en las ciencias, el conocer es un proceso principalmente intuitivo, diciendo que los experimentos lógicos que buscan verificar conocimiento “siguen” un entendimiento inicial intuitivo. De ahí que Stinson (1985) mencione la importancia de fomentar este tipo de pensamiento, no solo lógico sino de nivel intuitivo y corporal, en la manera de pensar, inquirir y aprender en todas las materias.

     Aunque la teoría de Piaget nos amplía nuestro entendimiento a la hora de enseñar el arte de la danza, no podemos limitarnos por su visión de la realidad desde la óptica del pensamiento lógico-científico. Las artes están para llevarnos a ver y conocer la multiplicidad de mundos posibles, las múltiples dimensiones de una misma realidad. Esto nos prepara para afrontar los problemas y la complejidad de la vida desde la creatividad y la riqueza de un mundo infinito de soluciones posibles. 

 

 

  

  

La Danza como juego y aprendizaje

Un artículo publicado por Proyect Zero de la Universidad de Harvard cita los beneficios del aprendizaje a partir del juego y establecen los parámetros para definir cuando se lleva a cabo un aprendizaje divertido (“playful learning”) o en efecto se aprende jugando.

Es interesantísimo ver que una pedagogía para el aprendizaje a partir del juego tiene muchos beneficios en común con la práctica de la disciplina de la danza, incluyendo el ballet y el movimiento creativo. Los investigadores a cargo del trabajo “Towards a Pedagogy of Play” mencionan que el aprendizaje a partir del juego propicia el desarrollo a nivel intelectual, social, emocional, y físico de los estudiantes, en todos los niveles. 

En este sentido mencionan que se tienen que dar una serie de condiciones para denominar determinada actividad como una de aprendizaje divertido o lúdico (“playful learning”). Estas condiciones lo son el disfrute o deleite (“delight”), voluntad y elección (“choice”) y asombro (“wonder”). Para los autores estos tres indicadores representan estados mentales o psicológicos al igual que comportamientos observables. 

Lo que sucede es que, a menudo, cuando nos tomamos tan en serio la gestión educativa, le quitamos la parte divertida que hace que los individuos se comprometan y se involucren en el proceso educativo. Esta actitud propicia un aprendizaje fluido en el que se dan naturalmente procesos de exploración y descubrimiento. Lo cual permite el desarrollo de la creatividad, y de las herramientas y aptitudes necesarias para la solución de problemas complejos y para llevar a cabo trabajo colaborativo; dos principios fundamentales a la hora de enfrentarnos a los retos del mundo actual.

Muy conscientemente, el arte, y en especial la danza, tienen que verse como estrategias importantes en el desarrollo de ambientes de aprendizajes inclusivos y que preparen a nuestros niños y niñas con herramientas fundamentales para la vida. Pienso que en definitiva la danza y el movimiento creativo son oportunidades maravillosas para llevar a los espacios educativos una experiencia divertida que ayude a potenciar y apoyar los procesos de aprendizaje que se dan en las escuelas y otros centros de enseñanza. Esto, honrando los procesos naturales y los intereses de los niños y niñas en cada nivel, su humanidad, sus talentos y capacidades, permitiéndoles que desarrollen cabalmente su potencial. Por eso, ¡a moverse, sentir y explorar… el mundo desde el juego de la danza!

Bailar es bueno por todos lados

     Hay cosas que sabemos por sentido común que nos benefician a todos. Dormir lo suficiente, comer saludable, hacer ejercicio frecuentemente... Igualmente hay prácticas que nos parecería obvio que deberían formar parte del desarrollo integral de todos los niños y jóvenes para que alcancen todo su mayor potencial. Podríamos decir que es importante que estudien, que aprendan a amar el conocimiento y ser ciudadanos solidarios, productivos y de bien. 

     Pero, ¿qué tipo de educación nos lleva por ese camino, a alcanzar esa meta? Siempre he pensado que las artes deben ser una parte integral de todos los procesos de educación y formación de todas las personas. Además de las artes plásticas (pintura, dibujo, escultura, etc.), la música, y el teatro, la danza es una disciplina maravillosa que nos permite acercarnos al mundo, al aprendizaje, a nosotros mismos y a los demás, de una manera muy particular y única.

     La danza y el movimiento creativo, le permiten a los niños y niñas la oportunidad de conectar todas las artes en una sola disciplina a la vez que también se produce un aprendizaje significativo. Esto como resultado de los enlaces y puntos de encuentro entre lo académico, lo artístico y lo lúdico, ese espacio de estrategias de juego y diversión, que permiten alcanzar objetivos muy específicos y cuidados.

     A fin de cuentas, podemos citar beneficios innumerables de una educación holística con la danza como punto de partida. Por citar algunos ejemplos tenemos que la danza, como actividad esencialmente física que es, ayuda en el desarrollo del tono muscular, la flexibilidad y la coordinación, a la vez que es una aliada contra el sedentarismo y la obesidad infantil. La danza y el movimiento creativo nos permiten desarrollar en los niños destrezas socio-emocionales y afectivas que los acompañarán a lo largo de toda su vida. Por medio del arte de la danza los niños y niñas fortalecen su autoestima, aprenden a reconocer y controlar sus emociones, a compartir y a trabajar en equipo, entre otras tantas cosas.

      Asimismo, la danza es un arte que sirve de terreno común para el aprendizaje interdisciplinario. Por medio de la danza se pueden enseñar elementos y temas de prácticamente todas las materias. Y lo extraordinario de todo esto es que es un aprendizaje vivido el que se adquiere por medio de la danza. En el ejercicio de la danza está envuelto eso de lo que nos habla John Dewey acerca de "aprender haciendo". Es el tipo de aprendizaje que surge de la experiencia, de la conexión entre cuerpo, mente y emociones/espíritu en un instante que permanece con uno para siempre. 

Por donde quiera que la miremos, la danza es buena y beneficiosa para tod@s. Anda, llevemos la danza a cada rincón, centro y espacio educativo. ¡Hagamos que nuestros niños se muevan, sientan, exploren... el mundo a su alrededor!

Movimiento y aprendizaje vivido

     El aprendizaje experiencial es aquel que nos llega por medio de lo vivido. Cuando aprendemos mediante la experiencia el aprendizaje es uno que se da de manera natural y suele caracterizarse por ser duradero. Al fin y al cabo es eso lo que se pretende que ocurra con los niños, niñas, jóvenes y adultos que participan de procesos educativos, que lo aprendido permanezca. Así podemos  formar ciudadanos capaces de aprender, capaces de vivir juntos y de construir una sociedad más justa para todos y todas. Para alcanzar estos objetivos desde la Educación hay que tener en cuenta que todos somos diferentes y aprendemos de maneras distintas. De manera que los escenarios educativos tienen como reto el procurar fomentar y promover experiencias de aprendizaje diversas que atiendan las múltiples necesidades de los estudiantes. 

 
 
La danza y el movimiento creativo toman un importante lugar en este contexto. Incorporar la disciplina del baile como parte de la jornada y del ambiente escolar en edades tempranas ayuda a brindarle a los niños y niñas la oportunidad de tener una experiencia de aprendizaje significativo.
                                                                                                               Foto:  Alberik Lázaga

                                                                                                               Foto: Alberik Lázaga

 

     Hace algún tiempo llevo pensando en cómo los distintos espacios educativos, sobre todo en edades tempranas, van dejando cada vez más de lado el tiempo que tienen los estudiantes para el juego y  aquellas experiencias que les enriquezcan en esos aspectos de la formación y el desarrollo que no son necesariamente medibles o cuantificables mediante pruebas y exámenes. Me refiero a aquellas experiencias formativas que más bien van dirigidas al desarrollo de destrezas de índole emocional y afectiva, así como la adquisición de valores y una actitud creativa. 

       

      Un artículo titulado Why young kids learn through movement?  publicado hace algún tiempo en la versión en línea de The Atlantic nos habla de cómo la sala de clase a nivel preescolar se ha vuelto cada vez más hacia lo que son centros de aprendizaje pasivo, en el que cada vez es más marcada la línea entre el trabajo (actividades de aprendizaje formal) y el juego (lo que para Maria Montessori es el verdadero trabajo de los niños). Este enfoque lleva a que los niños pasen la mayoría del tiempo sentados, haciendo tareas y llenando hojas de ejercicios en lugar de estar moviéndose y utilizando sus cuerpos para hacer sentido del mundo mediante la experiencia propia. En este sentido, el juego y el movimiento son importantes como elementos fundamentales del desarrollo de un aprendizaje profundo en estas edades. 

   

        La danza y el movimiento creativo toman un importante lugar en este contexto. Incorporar la disciplina del baile como parte de la jornada y del ambiente escolar en edades tempranas ayuda a brindarle a los niños y niñas la oportunidad de tener una experiencia de aprendizaje significativo. Por medio del baile y el movimiento corporal, los niños y niñas pueden conectar esas ideas y conceptos, que van aprendiendo de manera más formal y académica, con algo que se relaciona con ellos, que pueden sentir y experimentar con sus propios cuerpos. Esto, a partir de una experiencia de actividad física divertida por demás. A través de la danza podemos aprender del mundo que nos rodea, de nosotros mismos y de cómo relacionarnos en armonía con los demás, guiados por las capacidades infinitas de nuestra imaginación. Una experiencia maravillosa que a menudo falta en los programas de educación en general y sobre todo de educación temprana.